Tipos de láser dermatológico: diferencias y qué esperar
Los procedimientos con láser en dermatología pueden ayudar a mejorar manchas, cicatrices, rojeces y textura, pero no todas las tecnologías funcionan igual. Cada tipo de láser actúa a una profundidad distinta y tiene tiempos de recuperación diferentes. Conocer estas diferencias facilita ajustar expectativas sobre resultados, número de sesiones y cuidados antes y después.
En dermatología estética y médica, “láser” no es un único tratamiento, sino una familia de tecnologías con objetivos específicos. La longitud de onda, la manera de entregar la energía y la profundidad de acción determinan qué problema puede mejorar y qué efectos secundarios son más probables. En Colombia, donde son frecuentes fototipos intermedios, también es clave considerar el riesgo de hiperpigmentación posinflamatoria si la piel se irrita o se expone al sol en recuperación.
Una valoración profesional previa suele marcar la diferencia: se revisan antecedentes, medicamentos, hábitos de exposición solar, tendencia a manchas o cicatrización anómala y el objetivo principal (manchas, cicatrices, vasos visibles, poros, textura). Con esa información se elige la tecnología más adecuada, se ajustan parámetros y se decide si conviene preparar la piel antes de tratar.
¿Pensando en tratamientos de láser para la piel?
Si estás valorando un procedimiento, conviene empezar por clasificar los láseres en ablativos y no ablativos. Los ablativos “retiran” parte de la capa superficial de la piel (resurfacing) y pueden lograr cambios notorios en textura, arrugas finas y cicatrices, pero suelen implicar más días de enrojecimiento, descamación y cuidados estrictos. Los no ablativos calientan estructuras internas sin eliminar la superficie; suelen tener recuperación más corta y se orientan a estimular colágeno o a tratar problemas vasculares o pigmentarios selectivos.
Además, muchos equipos trabajan en modo fraccionado. En lugar de tratar toda la superficie, crean microcolumnas de energía dejando piel intacta alrededor. Esto suele acelerar la cicatrización y reducir el tiempo de “incapacidad social” frente a técnicas totalmente ablativas, aunque no elimina riesgos: puede haber enrojecimiento, sensación de quemazón, microcostras y, si los parámetros no se ajustan bien al fototipo, manchas transitorias o persistentes.
Una forma práctica de aterrizar expectativas es preguntar: qué lesión o cambio concreto se busca (pigmento, vasos, cicatriz, textura), cuántas sesiones se suelen necesitar para ese objetivo y qué señales de alarma justificarían contactar al especialista (dolor desproporcionado, ampollas, secreción, fiebre, empeoramiento marcado del color).
Opciones de Tecnología de Cuidado de la Piel Profesional
Entre las opciones más conocidas están los láseres ablativos como el CO2 y el Er:YAG. El CO2 fraccional se usa con frecuencia para mejorar cicatrices de acné, líneas finas y textura irregular, porque combina ablación y calentamiento dérmico. Su contrapartida es una recuperación más evidente: enrojecimiento, edema y descamación durante varios días, además de una fase en la que la piel puede verse rosada y sensible por más tiempo. El Er:YAG, según el protocolo, puede ofrecer una ablación más precisa y superficial, y en algunos casos se percibe como una alternativa con un perfil distinto de recuperación, siempre dependiente de la intensidad aplicada.
Dentro de los no ablativos, es común encontrar Nd:YAG (por ejemplo 1064 nm) en tratamientos vasculares seleccionados y en enfoques de rejuvenecimiento por calentamiento profundo. En fototipos más oscuros, ciertos abordajes con Nd:YAG pueden considerarse por su menor absorción por melanina en comparación con otras longitudes de onda, pero esto no significa que sea “libre de riesgo”: la técnica, el enfriamiento y el ajuste de energía siguen siendo determinantes. Por otro lado, láseres de diodo y alejandrita se mencionan a menudo en depilación; ahí la seguridad depende del contraste entre color de piel y vello, del bronceado reciente y del ajuste del equipo.
También suele aparecer la luz pulsada intensa (IPL). Aunque no es un láser, se usa en consulta para tratar pigmento y rojeces superficiales mediante filtros. Puede ser útil en casos seleccionados, pero no sustituye a un láser cuando se requiere una acción más específica o profunda. Además, en pieles bronceadas o con tendencia a mancharse, el criterio del profesional para seleccionar filtros y parámetros resulta especialmente importante.
Guía Para Procedimientos Láser en la Piel
El proceso suele dividirse en preparación, sesión y recuperación. En la preparación, el especialista puede ajustar tu rutina: reducir irritantes, pausar ciertos exfoliantes o retinoides antes del procedimiento (según el caso) y reforzar la fotoprotección. También se evalúan factores que cambian el riesgo, como exposición solar reciente, antecedentes de herpes labial si se tratará la zona perioral, y la presencia de inflamación activa (acné muy inflamatorio, dermatitis, heridas), porque tratar sobre piel irritada aumenta complicaciones.
Durante la sesión, la sensación varía con la tecnología: desde “chispazos” o golpecitos hasta calor intenso. Puede usarse anestesia tópica, enfriamiento o ambas medidas para mejorar tolerancia. Tras el tratamiento, lo esperable suele ser enrojecimiento y sensibilidad; en protocolos fraccionados puede aparecer un aspecto áspero, con puntitos oscuros o microcostras que se desprenden con los días. Manipular, rascar o exfoliar antes de tiempo incrementa el riesgo de marcas y manchas.
En la recuperación, la regla de oro es fotoprotección constante y evitar calor intenso (sol directo, sauna, ejercicio extenuante temprano si el médico lo desaconseja). Los hidratantes reparadores y limpiadores suaves suelen formar parte de la pauta, pero lo más importante es seguir indicaciones individualizadas. Los resultados tampoco siguen el mismo ritmo para todos: algunos cambios (luminosidad, uniformidad) pueden notarse pronto, mientras que la remodelación de colágeno suele ser gradual durante semanas.
Sobre expectativas, conviene ser realista. Las cicatrices de acné suelen mejorar por etapas y requieren varias sesiones; el objetivo frecuente es suavizar relieve y mejorar la uniformidad, no “borrar” completamente. Las manchas pueden aclarar si se controla el detonante (sol, inflamación), pero trastornos como el melasma tienen tendencia a recaer y pueden empeorar con calor o procedimientos agresivos. En rojeces o vasos, la respuesta depende del tipo de lesión y su profundidad; a veces se necesita más de una tecnología o un plan por fases.
Este artículo es solo informativo y no debe considerarse consejo médico. Consulta a un profesional sanitario cualificado para recibir orientación y tratamiento personalizados.
En conjunto, entender los tipos de láser dermatológico ayuda a tomar decisiones con mejor criterio: qué tecnología encaja con tu problema, qué recuperación implica y qué hábitos (especialmente el control del sol) condicionan el resultado. Con diagnóstico adecuado, parámetros ajustados al fototipo y cuidados consistentes, las probabilidades de una evolución segura y predecible suelen ser mayores.